CBDC (SEGUNDA PARTE): El protagonismo de la sociedad CIVIL definirá el futuro no solo de las CBDC, sino la propia evolución del modelo del Estado.
La sociedad Civil, el verdadero protagonista de la Historia.
Una de las lecciones más valiosas que he aprendido del experto internacional en resolución de problemas complejos, el profesor Ian Mitroff, es la importancia de identificar adecuadamente los intereses de cada actor involucrado en el cambio. Esta lección es especialmente relevante al analizar el proyecto de las CBDC, ya que una identificación incorrecta de los actores protagonistas en la propuesta de valor de las CBDC, podría definir un modelo que lejos de resolver los problemas actuales del sistema financiero, acelerara nuevos cambios que pudieran terminar en una gran crisis económica y política.
Tal como se explicó en el post anterior, es fundamental romper con el pensamiento único si queremos entender los cambios que se están desarrollando en la Historia. En esta nueva etapa, las personas son las protagonistas, y para entender cómo se han convertido en los actores principales, volvamos a la metáfora del restaurante y el cordero.
Imagina que te encuentras en un restaurante, has pedido un delicioso cordero asado y cuando te lo sirven en la mesa, te cambian el cuchillo por uno que corte mejor.
Tradicionalmente nos han enseñado a pensar que utilizar el cuchillo para cortar la carne, que es nuestro alimento, es un uso correcto. Esto guarda paralelismo con el pensamiento de que el sistema, ve bien valerse de quienes "ponen la carne o se dejan la piel", para defender sus intereses.
Pero si nos atrevemos a romper con este pensamiento lineal, somos fundamentalmente las personas, quienes en esta metáfora estamos representados no por el cliente, sino por el cordero.
Somos quienes ponemos nuestra piel en el trabajo, para crear riqueza (negocio), nuestro trabajo se remunera con dinero, y por ende somos los verdaderos propietarios del dinero.
Por lo tanto, son las personas, y no los bancos comerciales, bancos centrales o Estados, los verdaderos protagonistas de esta Historia, y por lo tanto de los CBDC. A pesar de ello, ningún presidente/a de Banco Central ha consultado a la Sociedad Civil cuál es su opinión o que derechos o intereses quieren o necesitan defender.
Sería impreciso decir que este protagonismo es nuevo. En gran medida la política, surge de la necesidad de tener esta idea clara, y liberar a la sociedad de la gestión pública para que puedan ser productivos, trabajar y generar riqueza. Pero en ocasiones, la política y los políticos, especialmente con la llegada de las democracias modernas, comienzan a asumir un gran poder que distorsiona el sentido y valor de la sociedad.
El debate sobre el futuro del dinero, particularmente de las CBDC, plantea múltiples derivadas que se escapan del campo de la economía o el derecho para entrar en una dimensión más compleja centrada en la filosofía. Conceptos como la soberanía del pueblo, la legitimidad del Estado, o la confianza en el sistema financiero, están dentro de este debate, por lo tanto, conviene ser muy cauto al abrir esta caja de Pandora.
¿Qué es lo que ha cambiado en este momento de la Historia?
En esencia, la tecnología blockchain ha dado lugar a un nuevo estado del arte, capaz de proporcionar un nivel de confianza sin precedentes en los algoritmos criptográficos y de establecer nuevos modelos de gobernanza tanto en sistemas financieros como en la gestión política. Esto puede reducir significativamente los excesos de ego y ambición política por el poder, que distorsionan la finalidad inicial del Estado.
En este análisis de las CBDC, resulta especialmente relevante tener en cuenta que una regulación abusiva que limite las libertades, aumente la presión fiscal o cuestione la interpretación sesgada de las reglas, reduciendo su transparencia, puede socavar la confianza de la sociedad. Si la confianza se pierde, la sociedad se encontrará permanentemente en una situación inestable, donde cualquier variable interna o externa puede empujarla hacia el precipicio (cisnes negros) de manera abrupta. Es fundamental garantizar la transparencia y equidad en la regulación de las CBDC, para mantener la confianza de la sociedad en el sistema.
La sociedad ha comenzado a ser consciente de la importancia de abordar los problemas con una perspectiva sostenible y justa, y esta preocupación está impulsando un cambio necesario. Las decisiones que se adopte entorno a los CBDC determinarán la capacidad de adaptación y subsistencia de ideas, modelos, estrategias e instituciones, nada ni nadie está exento de ello, en el campo de la política o de los negocios.
Por ello, el diseño de las propuestas de las CBDC sería un grave error descuidar los intereses de la sociedad civil, las personas y las empresas, y centrarse únicamente en fortalecer el poder del Estado. Un enfoque que priorice los intereses de las élites burocráticas de instituciones como el BIS, FMI, BM o los principales bancos centrales, en detrimento de los intereses legítimos de la población, erosionará irremediablemente la confianza de las personas, especialmente de una generación que ya se acerca a la tecnología crypto desde una perspectiva crítica y exigente. En este sentido, el debate no radica en renunciar a parte de la libertad en pos de la seguridad, sino en si se nos considera ciudadanos conscientes y críticos o simples corderos sumisos.
Esto es un llamamiento al sentido común, a la reflexión y el diálogo, para evitar dar pasos hacia un precipicio que puede estar mucho más cerca de lo que pudiéramos pensar. Este nuevo cambio de paradigma tecnológico libera no solo el área financiera, sino especialmente el área filosófica del cambio.
Nos jugamos mucho...
Benedict Anderson propuso que la nación es una construcción imaginaria basada en una comunidad compartida. Esta línea argumental, se puede ver en la propuesta de Mark Zuckerberg (2019) con la presentación de su proyecto LIBRA (posteriormente DIEM), para la comunidad de usuarios de Facebook, con casi el 25% de la población mundial. La moneda (LIBRA) respaldada por una cesta de divisas y deuda soberana de los estados más importantes, planteaba un reto nuevo a todo el sistema financiero a nivel global. Solo el FMI a través del instrumento de estabilidad financiera conocido como Derechos Especiales de Giro (DEG), disponía de una cesta de ese tipo de activos globales. Que lo pudiera hacer una presa privada, y en particular un empresario como Zuckerberg, disparó todas las alertas.
Es importante tener en cuenta que, las decisiones que se tomen entorno a los CBDC, tanto en el momento de su lanzamiento, como su evolución, es posible que no tendrán efectos inmediatos, pero estos serán contundentes con el tiempo. Especialmente para una generación que piensa en crypto y que tras la pandemia del Covid-19 ven la libertad de una manera diferente.
Tras analizar este tema desde los primeros pasos dados por el BIS, la FED, el BCE, BPdC, y otras instituciones internacionales y nacionales, sobre el tema del los CBDC, se me hace complicado tras leer muchos de los informes publicados desde 2019, que las CBDC sean actualmente una solución redonda a los problemas y riesgos de un sistema financiero agotado y con importantes señales de agotamiento.
Hasta donde he podido llegar, no recuerdo en ninguno de ellos que, se haya pedido la opinión a la sociedad civil, y menos aún que se hayan abierto mesas de negociación para definir el tipo, uso, y forma de este nuevo dinero digital, a los propietarios (poseedores) del mismo.
Esto me parece un gran error, incluso una gran irresponsabilidad ya que la última palabra siempre la tienen quienes generan riqueza, y son estos actores (protagonistas principales), quienes en última instancia tendrán la capacidad de definir en qué unidad de cuenta quieren que se les retribuya su trabajo (confianza). Con independencia de que luego se use otro dinero para pagar impuestos. Y esta situación no es nueva, ya se ha visto anteriormente a lo largo de la Historia (lo analizaremos en el siguiente post.)
Como reflexión final sobre los CBDC, creo que las palabras del escritor y periodista estadounidense H.L. Mencken, en su ensayo "The Divine Afflatus" (1920), resultan inspiradoras al advertir sobre los peligros de abordar problemas muy complejos con una actitud de superioridad casi divina, sin un análisis cuidadoso y adaptado a todos los actores sobre los riesgos y sacrificios que conlleva la innovación.

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